Si en la República Dominicana alguien te dice: “¡Prepárate para probar La Bandera!” no está hablando de telas ni colores ondeando al viento, sino de un plato que se saborea y es venerado como si fuera el tesoro nacional.
No solo refleja la historia agrícola y gastronómica del país, sino que también es una especie de collar de perlas culinarias que conecta al dominicano con su tierra, su abuela y sus tradiciones, todo en un mismo bocado.
Los ingredientes básicos son al arroz, la carne y las habichuelas (frijoles), pero admite ciertas variaciones que adaptan el plato a gustos y regiones, como incluir un huevo frito encima del arroz o acompañar el plato con aguacate.
En áreas costeras es común encontrar carne de pescado o mariscos que sustituyen la tradicional de res, pollo o cerdo.
Preparar La Bandera es también un acto de preservación cultural; muchas recetas familiares se transmiten de generación en generación, manteniendo vivas las raíces dominicanas en cada bocado.
Decir que La Bandera es simplemente arroz, habichuelas y carne es como decir que un poeta solo escribe palabras o que un río solo lleva agua, esto se trata del alma puesta en un plato.
Como no es una dictadura culinaria ha sobrevivido a las modas gastronómicas, a las prisas de la vida moderna y a la eterna batalla del “¿qué vamos a almorzar hoy?”, y siempre gana, porque pocos platos pueden presumir de un equilibrio tan perfecto entre historia, cultura y, por supuesto, sabor.
No pocas familias discuten sobre el punto del arroz o la cantidad de sal en las habichuelas, pero es parte de la experiencia, porque al final todos terminan felices, con el estómago lleno y el corazón contento, que es el verdadero secreto de esta bandera que nunca pierde sus colores.
La información periodística la publican medios como Prensa Latina y la destaca TiempoNotiRD.

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