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miércoles, 27 de mayo de 2026

Grasas buenas o las grasas malas y lo que debemos saber

Las llamadas “grasas buenas” corresponden principalmente a las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas. Este tipo de grasas puede favorecer el perfil lipídico y tener efectos positivos sobre la inflamación y la salud vascular. Entre las más conocidas están el aceite de oliva extra virgen, el aguacate, las nueces, las semillas y los pescados ricos en omega-3.


Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de 19.8 millones de personas murieron en 2022 por causas cardiovasculares, lo que representa aproximadamente un tercio de todas las muertes globales. En América Latina y el Caribe, estas enfermedades continúan ocupando los primeros lugares de mortalidad y discapacidad. En República Dominicana, distintos reportes epidemiológicos muestran que alrededor del 35 % al 37 % de las muertes están relacionadas con enfermedades cardiovasculares.

Las llamadas “grasas buenas” corresponden principalmente a las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas. Este tipo de grasas puede favorecer el perfil lipídico y tener efectos positivos sobre la inflamación y la salud vascular. Entre las más conocidas están el aceite de oliva extra virgen, el aguacate, las nueces, las semillas y los pescados ricos en omega-3.

Uno de los estudios más conocidos sobre este tema fue el ensayo PREDIMED, publicado en The New England Journal of Medicine. Los investigadores observaron que las personas que seguían una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra presentaban menos eventos cardiovasculares mayores, incluyendo infarto y accidente cerebrovascular.

El aceite de oliva virgen extra contiene ácido oleico y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Diferentes investigaciones han asociado su consumo con menor oxidación del colesterol LDL y mejor función endotelial, mecanismos importantes en la protección de las arterias.

Muy distinto ocurre con las grasas trans industriales, presentes en numerosos productos ultraprocesados, frituras comerciales y alimentos de larga duración. Estas grasas favorecen inflamación, aumentan el colesterol LDL y contribuyen al desarrollo de aterosclerosis. La evidencia ha sido tan consistente que muchos países han terminado restringiendo o eliminando parcialmente su uso.

En el caso del aceite de coco, la evidencia científica sigue siendo más compleja y muchas veces se presta a confusión en redes sociales. Algunos estudios han mostrado que puede elevar el colesterol LDL debido a su alto contenido de grasas saturadas. Sin embargo, también se ha observado que ciertas presentaciones, como el aceite de coco extra virgen, podrían tener un perfil metabólico menos desfavorable que otras grasas industriales. Aun así, las principales guías cardiovasculares continúan priorizando grasas insaturadas como el aceite de oliva por encima del aceite de coco para protección cardiovascular.

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